Muchas veces en nuestra investigación encontramos ejemplos a seguir que provienen de iniciativas particulares. Todo el mundo conoce uno de los negocios más rentables de la historia de la humanidad, ideado por Alex Tew, que consistió en vender un millón de pixels de una página web en blanco a un dólar, convirtiéndose en millonario.

Sin ir tan lejos, son muchos los artistas y escritores independientes que han aprendido a promocionarse en las redes sociales. Lo hacen por sí mismos, dedicando unas horas a la semana, y algunos alcanzan una notoriedad que podría competir con la que nosotros logramos. Generalmente, los que consiguen llegar a millones de receptores tienen una obra de gran calidad o que conecta muy rápidamente.

Es el caso también de pequeños empresarios que se dedican al marketing viral y en redes sociales en sus ratos libres y logran un modesto eco. Sin embargo, ¿cuántos quedan en el camino? La clave del éxito es la experiencia. Curiosamente, muchas veces personas individuales con la necesidad de difundir un mensaje son las que mejor lo logran, mientras que las grandes compañías se ven obligadas a contratar los servicios fuera de sus departamentos de marketing integrados.

El secreto es la experiencia, y aprender es lo más caro.