Cuando la gente recibe emails publicitarios que no ha pedido ni tolerado conscientemente, el 98% bufa resignadamente y manda a la basura los papeles. De ese 2% restante que abre el correo, quizás la mayoría seamos publicistas con vocación forense, frente a un porcentaje reducidísimo, un resto, de gente que se interesa finalmente.

Pero nosotros abrimos el email, observamos lo torpemente que está redactado, la retórica trasnochada con que se dirigen a nosotros “como si nos conocieran de algo”, y frecuentemente, al ir a investigar el site del anunciante, nos echamos las manos a la cabeza: ¡Un buen microsite, una promoción estupenda, un producto señero, todo echado a perder por una mala práctica con el e-mail marketing!

En las últimas semanas, hemos recibido varias veces mensajes algunos de anunciantes que, seamos sinceros, no tienen la información necesaria como para saber qué están haciendo con su imagen sus agencias de publicidad. Estamos hablando de anunciantes grandes, marcas importantes dentro de su sector, multinacionales.

Uno de ellos ha creado una aplicación promocional bastante divertida, un juego de carreras muy bien diseñado y un poco adictivo, un logro creativo. El problema, es que su agencia creativa se ha salido del tiesto y se ha extralimitado en sus habilidades, y me ha pedido educada y almidonamente que juegue unas 10 veces.

¿Cuál es mi reacción como consumidor frente a esta repetición constante de frases como “Perdona mi intromisión pero te escribo porque hemos creado un juego…” Sus mensajes van a la papelera, y mi impresión acerca de los esfuerzos que hace la compañía por ofrecerme contenidos interesantes se convierte en cansancio: nunca iré a esa página.

Quizás el colmo de esta intrusiva campaña sea que estos mensajes me piden que “publique la nota en mi site o blog”, añadiendo después “si quieres.” Pongamos que alguien se toma la molestia de abrir el mail y leerlo, y publica la nota en su blog. Cuando lo vuelva a recibir varias veces, ¿qué hará? Lo borrará de su blog y escribirá otro post poniendo a caer de un burro a la empresa (en la mente del consumidor, anunciante y agencia frecuentemente se mezclan).

Esto ocurre porque una agencia no especializada en viral quiere que suene la flauta. El mecanismo de pedir a gente desconocida que publique en su blog un contenido repetido hasta la saciedad es tan rudimentario como contraproducente. Me imagino a los creativos tratando de redactar un texto que resulte simpático y lanzando luego oleadas de spam, y me entra la risa, sinceramente.

La delgada línea roja que separa el e-mail marketing del spam no es otra que la buena y la mala práctica. Una empresa publicitaria seria y eficaz debe tener bases de datos permanentemente actualizadas de gente que está en las listas voluntaria y conscientemente, targetizada temática y geográficamente, y ofrecer a los usuarios solamente aquello que les importe o pueda gustarles.

Y sobre todo… ¡no se le repite 20 veces ni se tiene la desfachatez de pedir que se haga eco de ello! Sinceramente, si no estuviéramos dentro del sector y no lo considerase un poco deseleal, os diría a qué campañas concretas me estoy refiriendo. Pero, ¿cuántos no lo sabréis ya, con las papeleras llenas hasta la bandera?