Llevamos bastante tiempo escuchando previsiones sobre la llegada de lo 3.0, y más todavía, sobre el final de la era 2.0. ¿A qué viene todo esto? Las previsiones y avisos parecen un poco exagerados, como si algunos gurús tuvieran ilusión con la llegada de esta nueva interactividad en red y tirasen de ella para que llegue antes.

La web 2.0 se impuso de forma natural. Las nuevas tecnologías de programación web, el ancho de banda y los propios intereses de los usuarios, que fueron congregándose alrededor de los sites que les permitían relacionarse de forma “más parecida al offline”… Las razones para el advenimiento de la era 2.0 son eminentemente prácticas. Empezó a estudiarse este cambio operado en la forma de comportarse de los usuarios cuando ellos ya lo hacían. Compartir contenidos, recibir respuestas, de lo unidireccional a lo bidireccional. 2.0.

¿Entonces qué cambio operará? ¿Qué es 3.0? Jeffrey Zeldman empleó por primera vez el término en 2006 (dos años después del lanzamiento de Facebook, y el año que empezó a funcionar Twitter) para referirse al futuro: web con nuevas relaciones de datos, inteligencia artificial (que muchos tachan de ciencia ficción), y desarrollo 3-D.

Más tarde, se añade también un cambio mucho más realista: el punto de acceso, que con las nuevas tecnologías de conexión (teléfonos, televisión, coches y sin duda muchos aparatos domésticos en el futuro próximo) dará al internauta servicio casi desde cualquier ángulo y momento de la vida diaria. Pero esto, lejos de ser un cambio de planteamiento, es algo que perfectamente podemos añadir al 2.0 (como ya ocurre con los usuarios de Twitter, que actualizan desde su teléfono)

Con todo, parece un poco difuso llamar 3.0 a algo que todavía no se ha implantado, y el término tiene pinta de cajón de sastre donde irán metiendo todo lo que se les ocurra, cualquier innovación sorprendente que nadie esperaba.