Las marcas andan obsesionadas con mucha razón con tocar la fibra sensible de los usuarios de los medios sociales. Se intenta de todo. Visto que las páginas corporativas no despiertan demasiado interés, los anunciantes cada vez más están dispuestos a mojarse y dejarse guiar por profesionales.

Nos parece interesante el ejemplo de Lacoste. Una marca con gran aceptación cool, cuya página oficial en Facebook tiene poco más de 800 fans, y multitud de contenidos (links al catálogo, fotos, etc). Mientras, otra página, creada por un aficionado y que solamente tiene el logo y parece abandonada, cuenta con más de 137.000.

Quizás porque los consumidores de Lacoste se conforman con “ponerse el cocodrilo” y están menos interesados en información corporativa, o porque la página no oficial es mucho más antigua, se da una desigualdad singnificativa del poco caso que se hace en Facebook al mensaje corporativo por un lado, y por otro del interés de los consumidores en las marcas.

¿Qué quiere conseguir el anunciante en la red social? Ésta es la pregunta que rara vez se hace. Hay que estar, hay que llegar al consumidor, sí, pero ¿cómo? ¿Como la página de Lacoste oficial o la no oficial? ¿Cantidad o calidad? De hecho, si la página de Lacoste no oficial tiene tantos fans, ¿no es algo que la marca debe agradecer, porque es publicidad gratuita?