El 40% de los tweets son chatarra inútil, según estudio de Pear Analytics

“Uffff otra vez lunes”. Según el estudio de Pear Analytics, éste sería el contenido que predomina en Twitter. Un análisis de todos los tweets publicados entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde durante 15 días reveló que el 40,5% de los tweets son pura chatarra inútil (mensajes relacionados con comer y dormir), mientras que la información de valor es sólo un 8,7%.

La idea de la investigación era explicar para qué las personas utilizan esta red social. Se prestó atención y se recogieron todos los twetts, que fueron clasificados en las categorías: noticias, spam, autopromoción, cháchara inútil, conversación y mensajes de valor.

De los 2000 mensajes analizados, 811 corresponden a tonterías. Le siguen los mensajes de conversación con un 37,5% del total estudiado y los de valor con 174 tweets. Más atrás quedaron los spam y autopromociones de empresas y mucho más abajo los mensajes relacionados con noticias.

La delgada línea roja: del e-mail marketing al spam

Cuando la gente recibe emails publicitarios que no ha pedido ni tolerado conscientemente, el 98% bufa resignadamente y manda a la basura los papeles. De ese 2% restante que abre el correo, quizás la mayoría seamos publicistas con vocación forense, frente a un porcentaje reducidísimo, un resto, de gente que se interesa finalmente.

Pero nosotros abrimos el email, observamos lo torpemente que está redactado, la retórica trasnochada con que se dirigen a nosotros «como si nos conocieran de algo», y frecuentemente, al ir a investigar el site del anunciante, nos echamos las manos a la cabeza: ¡Un buen microsite, una promoción estupenda, un producto señero, todo echado a perder por una mala práctica con el e-mail marketing!

En las últimas semanas, hemos recibido varias veces mensajes algunos de anunciantes que, seamos sinceros, no tienen la información necesaria como para saber qué están haciendo con su imagen sus agencias de publicidad. Estamos hablando de anunciantes grandes, marcas importantes dentro de su sector, multinacionales.

Uno de ellos ha creado una aplicación promocional bastante divertida, un juego de carreras muy bien diseñado y un poco adictivo, un logro creativo. El problema, es que su agencia creativa se ha salido del tiesto y se ha extralimitado en sus habilidades, y me ha pedido educada y almidonamente que juegue unas 10 veces.

¿Cuál es mi reacción como consumidor frente a esta repetición constante de frases como «Perdona mi intromisión pero te escribo porque hemos creado un juego…» Sus mensajes van a la papelera, y mi impresión acerca de los esfuerzos que hace la compañía por ofrecerme contenidos interesantes se convierte en cansancio: nunca iré a esa página.

Quizás el colmo de esta intrusiva campaña sea que estos mensajes me piden que «publique la nota en mi site o blog», añadiendo después «si quieres.» Pongamos que alguien se toma la molestia de abrir el mail y leerlo, y publica la nota en su blog. Cuando lo vuelva a recibir varias veces, ¿qué hará? Lo borrará de su blog y escribirá otro post poniendo a caer de un burro a la empresa (en la mente del consumidor, anunciante y agencia frecuentemente se mezclan).

Esto ocurre porque una agencia no especializada en viral quiere que suene la flauta. El mecanismo de pedir a gente desconocida que publique en su blog un contenido repetido hasta la saciedad es tan rudimentario como contraproducente. Me imagino a los creativos tratando de redactar un texto que resulte simpático y lanzando luego oleadas de spam, y me entra la risa, sinceramente.

La delgada línea roja que separa el e-mail marketing del spam no es otra que la buena y la mala práctica. Una empresa publicitaria seria y eficaz debe tener bases de datos permanentemente actualizadas de gente que está en las listas voluntaria y conscientemente, targetizada temática y geográficamente, y ofrecer a los usuarios solamente aquello que les importe o pueda gustarles.

Y sobre todo… ¡no se le repite 20 veces ni se tiene la desfachatez de pedir que se haga eco de ello! Sinceramente, si no estuviéramos dentro del sector y no lo considerase un poco deseleal, os diría a qué campañas concretas me estoy refiriendo. Pero, ¿cuántos no lo sabréis ya, con las papeleras llenas hasta la bandera?

El dudoso negocio del spam

Como usted, cada día tiro a la basura entre 10 y 1.000 mensajes de spam. Viagra, prostitutas, viajes exóticos, premios sorpresa, bonos gratis en casinos, extraños mensajes sexuales, invitaciones a chats… Como usted, hago desaparecer esa montaña de información que no he pedido. ¿No se ha preguntado cómo subsisten esos negocios?

Pues bien: sólo uno de cada 12,5 millones de mensajes basura recibe respuesta. Así lo ha descubierto un estudio elaborado por investigadores de las Universidades de California, Berkeley y San Diego.

Para elaborar el estudio, los equipos se infiltraron en una botnet, es decir, una red que secuestra y controla el funcionamiento de miles de ordenadores, a los que convierte de manera remota en emisores de spam, generalmente sin que sus dueños lo perciban.

Los investigadores se apoderaron del control de unos 75.000 ordenadores para enviar sus propias campañas-basura y evaluar los resultados, convencidos de que la mejor manera de conocer los entresijos del spam es desde dentro. Usaban ordenadores zombis de una red de más de un millón, llamada Storm.

Las «cobayas» de este estudio eran remitidas a una falsa farmacia donde se les ofrecían remedios contra la impotencia, y que se colgaba en el momento de introducir los datos bancarios.

Después de 26 días y 350 millones de mensajes enviados, hubo un total de 28 personas que intentaron comprar el producto. Esto supone una tasa de respuesta inferior al 0.00001%, muy alejada de la que se suele estimar en las campañas de marketing consentido, entre el 2 y el 3%.

Si se hubieran producido las ventas, el equipo hubiera recibido 3.000 euros al mes. Como enviar 350 millones de mensajes cuesta 25.000 euros, los ingresos sobrepasarían ligeramente los costes. Extrapolando estas cifras al total de la red de Storm, se estima que sus dueños ingresan unos 7.000 dólares diarios, o 3,5 millones de dólares al año, con un beneficio entre el 5 y el 10%.

Teniendo en cuenta que el proceso está automatizado y que apenas exige más esfuerzo que el de ir variando las campañas para intentar salvar la barrera de los antivirus y los filtros, estos resultados no muy espectaculares resultan un gran negocio.

Hasta que esa persona entre varios millones aborrezca el spam, puede que queden unos cuantos años de rentabilidad, y por tanto, de papeleras llenas.

Fuente: Baquia